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TENER PLUMA

¿Por qué se percibe a un hombre con pluma como menos viril? ¿Por qué un hombre no puede pintarse las uñas? ¿Por qué una mujer que no cumple con los cánones de belleza se considera menos femenina o, incluso, se le dice que por qué no viste con ropa más femenina y tacones? ¿Por qué hay personas que toleran más a las personas homosexuales con un comportamiento marcadamente masculino que a las personas que supuestamente se les nota?

La plumofobia es el desprecio y rechazo hacia aquellas personas que salen de los roles de género femenino y masculino

Se asocia la expresión tener pluma con determinados gestos, voz aguda, forma de andar y de hablar. En el caso de las mujeres lesbianas, se asocia a un comportamiento más masculino y, en el caso de los hombres gays, un comportamiento más afeminado. Esto significa que aquella persona que tiene un comportamiento amanerado y/o masculino en función de su sexo se le presupone una orientación homosexual. Tener pluma ha sido una forma de visibilizar al colectivo gay y lésbico a través de la expresión se le nota que es gay o lesbiana; pero, al mismo tiempo, ha creado un prejuicio que no sólo afecta a personas homosexuales, sino también a personas heterosexuales.

Tener pluma es algo natural y no se elige, sino cómo se puede explicar que una persona sufra rechazo, insultos y discriminación dentro del contexto escolar si pudiese escoger no tenerla. Según el antropólogo americano Marvin Harris, este comportamiento no tiene una base biológica ni genética y se refiere a un comportamiento cultural que se adquiere por observación e imitación con el objetivo de pertenecer a un grupo y/o colectivo.

¿Cuál es el origen del término tener pluma? Hay dos hipótesis que explican esa atribución. La primera asocia las plumas de las vedettes de la revista que se vestían con plumas simulando una forma de comportarse extravagante y exagerada. En segundo lugar, los soldados italianos fascistas que apoyaban al dictador Franco durante la Guerra Civil española utilizaban plumas en su casco de soldado y utilizaban perfume. Este hecho empezó a despertar una mirada hacia los soldados como personas afeminadas y amaneradas.

Según un estudio realizado por Cal Strode (2014) en el que han participado 280 personas homosexuales del Reino Unido y EEUU, un 37% de los hombres gays que no se identifican con tener pluma afirman que los hombres gays afeminados manchan la imagen del colectivo gay e, incluso, un 35% de los hombres gays que no tienen pluma se sienten más identificados con el colectivo heterosexual que con el colectivo gay porque es menos extravagante.

Discriminar a una persona por tener pluma denota de base una fobia misógina

¿Por qué molesta que una persona tenga pluma? ¿Qué creencias están en la base de ese prejuicio? El rechazo y desvalorización de un determinado comportamiento femenino en lugar de un comportamiento masculino nos conecta con una creencia machista puesto que pone de manifiesto la pérdida de valor del hombre por ser menos viril y macho. Estamos ante un ejemplo más del heteropatriarcado donde existe supremacía del género masculino frente al femenino. Otro ejemplo de desprecio hacia la pluma es la expresión “Yo respeto la diferencia y acepto a la gente gay, pero no puedo con las locas”. Dentro del propio colectivo, también existen muestras de homofobia interiorizada a través de las aplicaciones de ligar donde cada vez hay más perfiles que rechazan a personas afeminadas con frases como, por ejemplo, “sólo machos” o “gente sin pluma”. En muchas ocasiones, se asocia tener pluma con un rol sexual pasivo. Se asocia el comportamiento femenino con el ser penetrado/a y, por otra parte, ser macho con el acto de penetrar. No existe ningún estudio científico que demuestre que existe relación entre las preferencias sexuales y el rol sexual.

Tengas pluma y te sientas cómodo con ella, te moleste la pluma de los demás o, incluso, sientes que no te permites tu propia pluma porque te juzgas a ti mismo/a, espero que este artículo de hoy te permita dar un espacio para la reflexión sobre los arquetipos masculinos y femeninos que actualmente están presentes en nuestro comportamiento.

Daniel Borrell Giró, psicólogo colegiado núm. 12.866