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QUE HACEMOS CON EL ESTRÉS

Santi camina rápido por el centro de Barcelona mientras llega tarde a una cita. Va preocupado: termina su contrato en 2 semanas y aún no le han dicho nada que renovar. No es el trabajo de su vida, pero de momento no tiene más y no pagan mal. Sólo le alegraría no continuar por su jefa, que es bastante tirana cuando tiene un mal día y esto ocurre a menudo. Y además debe buscar compañero de piso, que Laura se va de aquí nada y él solo no puede con todos los gastos mucho tiempo…

De repente, se asusta y sale de sus pensamientos: un chico con un patinete eléctrico le ha pasado por delante a toda velocidad cuando estaba a punto de cruzar un semáforo. Ha ido de un pelo que no choquen. Instintivamente ha dado un salto atrás. Suerte. Se enrabia de repente y grita insultando al chico, aunque sabe que ya ni puede oírlo. “- ¿Será posible??!!”

Llega con Mercè, que está mosca porque ella es bastante puntual y ya le ha dicho a menudo que no la haga esperar. Por eso, tarda un poco en darse cuenta de que está alterado. Santi intenta explicarle qué pasa y ella intenta ayudarle, pero impaciente, le interrumpe. Así fue parte de la conversación:

Mercedes: Mira Santi, lo que tienes que hacer es tranquilizarte y no tomártelo…

Santi: Mercè, ahora mismo lo último que necesito que me digas es que me tranquilice, ¿me entiendes??!!

M: Vale, pues ¿qué hacemos, qué necesitas?

S: eres amiga mía y no quiero pagarlo con nadie, necesito que me escuches y sacarlo todo, sin que me digas qué debo hacer.

M: Venga, hecho. Dime…

Santi habló, se tranquilizó y acabaron riendo, explicándose sus cosas. Santi no pudo solucionar nada en ese momento, está claro, pero pudo bajar su tensión e incluso se le ocurrió hablar con un ex-compañero de trabajo que trabajaba con una empresa que le interesaba. Consiguió reducir el estrés que llevaba en los últimos días.

¿En qué consiste el estrés?

Al igual que los animales, las personas nos encontramos en nuestro día a día con hechos y eventos que percibimos como amenazas. Este tema lo desarrolla muy bien el Biólogo y Neurólogo Robert M. Sapolsky en su libro «¿Por qué las cebras no tienen úlcera?».

La principal diferencia entre las amenazas animales y las nuestras es que, al contrario que la de los animales, muchas de las humanas no tienen una resolución inmediata: una cebra podrá huir rápido de un depredador o de un fuego, o bien moverse largas distancias para buscar comida. En esto invertirá grandes cantidades de atención y energía de su cuerpo que ha movilizado poniéndose en alerta.

Las personas lo tenemos más complicado. Tenemos amenazas que percibimos como peligros en nuestro bienestar, pero solucionarlas es bastante más complicado que atacar a alguien o salir corriendo. En ocasiones, desde que nos alteramos hasta que hemos podido resolver el problema -si es que hemos podido- ha pasado bastante tiempo. Por tanto, ¿qué hacemos o bien qué podemos hacer? Volvemos al caso de Santi.

Quitar frustración y apoyo social

Ese día, Santi hizo dos cosas que -entre otras muchas- Sapolsky define como vías de gestión psicológicas y humanas para el estrés.

1.- Descargó su frustración. Estaba preocupado por el trabajo, el piso, la jefa -a la que no puede responder como quisiera-, la puntualidad… todo esto hacía que se fuera preocupando y su frecuencia cardíaca iba aumentando. Por tanto, tenía más energía disponible en los músculos. Quizás corría más por la calle y todo, pero no era suficiente para liberarla toda.

En un día normal, a Santi le hubiera ido muy bien hacer algo de deporte: la descarga energética le hubiera provocado más calma e incluso liberar endorfinas, una de las hormonas asociadas al placer. Pero no tuvo ocasión: lo que hizo fue lanzar su frustración contra quien podía: el chico del monopatín y después, en parte, hacia Mercè. Su jefa hacía lo mismo: no sabían por qué, pero cuando tenía mal día por sus motivos de estrés, descargaba su frustración donde podía, en el trabajo. Esta reacción se llama desplazamiento de la agresión.

2.- Buscar y conseguir apoyo social. Sapolsky explica que, en investigaciones con primates, cuando éstos están en una situación estresante, pero con otros primates conocidos, la respuesta cardíaca se reduce y se tranquilizan. Cuando Mercè paró y escuchó a Santi, activó esta respuesta. Y muchas veces no hace falta mucho más que eso y es lo que podemos hacer entre nosotros: construir redes de apoyo. Una buena red de apoyo hace que eventos estresantes tengan menos impacto en nuestra salud, aunque sean desagradables. Una escucha acogedora y comprensiva hace muy bien.

Estos son sólo dos factores que modulan la respuesta del estrés, pero son suficientemente importantes. ¿Se te ocurre alguna más? ¿Qué acciones llevas a cabo cuando te sientes estresado/a?

Marina Vivó

Psicóloga Colegiada nº 17.478

BIBLIOGRAFÍA: Sapolsky, Robert M. “¿Por qué las cebras no tienen úlcera?”. Alianza Editorial. Madrid, 2008.