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MATERNIDAD QUIEN SOY YO

La maternidad puede suponer una crisis de identidad. Nos puede conectar con nuestra parte infantil, incluso, con el bebé que fuimos… y esto puede acarrear toda una revolución. ¿Quién no ha visto u oído explicar a una madre, cómo lloraba de desesperación, en algún momento de la crianza? Pues no es que esté enloqueciendo, sino que, a través de la experiencia de cuidar a su hijo o su hija, el bebé, revive su llegada a la vida. Y estamos hablando de sensaciones y emociones muy desconocidas desde nuestro mundo adulto, guardadas en rincones muy escondidos de nuestro inconsciente.

Por tanto, si queremos escuchar todo esto, tendremos que ser valientes, y estar dispuestas a mirarnos con mucho cuidado.

Hay, para mí, una maravilla de autora y libro que nos puede ayudar en este camino: Laura Guttman,

“La maternidad y el encuentro con la propia sombra”, de Laura Gutman (RBA Libros, 2008).

Ella propone los grupos terapéuticos de mujeres y hombres, padres y madres, como una buena herramienta para conectarse con el niño y niña interior y desde aquí, ahora ya como personas adultas, cuidar al hijo e hija, libres de cargas pesadas.

Soledad, tristeza, vacío, desesperación son sentimientos que podemos sentir sobre todo los primeros meses de la maternidad y son lícitos y comprensibles. El parto es también un duelo, dejamos de tener a nuestro hijo o a nuestra hija dentro de nosotras… Así como la llegada de un hijo/a adoptado/a, acogido/a, será una nueva etapa. El vacío que deja el nacimiento en nuestra barriga, la cosa vacía de fuera pasa a estar lleno, lleno de la demanda del bebé que nos reclama en todos los sentidos y depende de nosotros.

Y nosotros no somos las mismas que antes, nos cambian las necesidades, rutinas, deseos… Podemos replantearnos el porqué de todo ello…, querer cambiar algunas cosas importantes de nuestra vida.

La relación con las demás personas también estará mediatizada por nuestro hijo o hija, querremos que se la miren, que se le miren y la/ lo reconozcan, y nos gustará que a través de sus ojos también nos puedan devolver una buena imagen de nosotros mismas como madres. Pues nos estamos construyendo una nueva identidad, la de ser madres, y nos es importante poner palabras a cómo somos y queremos ser de nuevo. A cómo queremos criar. Os animo a hacerlo desde vosotras mismas, con el apoyo, si es necesario, de grupos terapéuticos, de maternidad, o de psicoterapia individual, ¡es un precioso y removido viaje interior!