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LAS PEQUEÑAS GRANDEZAS COTIDIANAS

Clara había decidido actuar con grandeza, aunque no sabía bien qué quería decir este término. Intuía que tenía que ver a salirse de sus propios esquemas e ir más allá de sus explicaciones habituales, quizás también implicaba sobreponerse a sus emociones. Así que ese día se levantó con una clara intención de adquirir una nueva perspectiva de las personas y los acontecimientos.

¿Quién está al mando, tú o tu emoción?

La vida, siempre tan generosa, le dio un puñado de oportunidades y Clara empezó a centrarse en este objetivo con entusiasmo e intensidad bien pronto. La primera situación se dio durante el desayuno, cuando su familia no se añadió a su idea de salir el fin de semana. Enseguida sintió dentro de una vocecita quejosa que decía cosas como sólo piensan en ellos, no tienen en cuenta mis necesidades… ¿Cómo sería pensar y sentir con grandeza? -se preguntó. Si no se quedaba atrapada por esta voz, y se preguntaba qué era lo realmente importante para ella, podía darse cuenta de que lo que más quería era pasar un rato juntos haciendo algo juntos. Pese a sentir el calor de la rabia en su estómago y el sabor de la decepción en la garganta, no permitió que fueran esas emociones las que tomaran el mando de la situación. Y Clara no reaccionó a ellas sino que recolocó sus prioridades, ¿la necesidad era salir de fin de semana o era estar con la pareja y las criaturas, aprovechando el poco tiempo para coincidir?

Juicio o Comprensión

Satisfecha de haber ganado un espacio de libertad personal durante el desayuno, Clara llegó al trabajo y tropezó con Joan. Entendió que su propósito no sería fácil. Juan es un especialista en la crítica, un experto en encontrar pegas, defectos y errores en los demás, y que formula frases del tipo: aquí nadie piensa, todo el mundo hace lo que quiere, con un tono y una mirada con los que consigue agrisar el ambiente. Juan fue directo hacia ella diciéndole: esta propuesta que has presentado es inasumible, no has pensado en las consecuencias que tendrá con una voz llena de desaprobación. Sintió cómo su diafragma se cerraba y la respiración se detenía. Cogió aire, mientras se preguntaba: ¿qué intenta evitar Juan, qué le preocupa y una pregunta surgió: ¿cómo podríamos hacer que fuera más sencillo y fácil de poner en práctica? El gesto de Juan cambió, parecía que estuviera pensando, mientras Clara le dijo: si puedes, podemos vernos esta semana para tratar de buscar alternativas.

Clara estaba satisfecha de sí misma, se había dado cuenta de que ella también estaba criticando a Juan y que había logrado callar esta voz al preguntarse sobre cuál era la intención de Juan, que sostenía su crítica y sobre todo, hacer pequeño su ego, siempre tan dispuesto a sentirse aludido en cualquier historia. En el trabajo se preguntó ¿cómo sería pensar a lo grande? ¿Cómo sería salirse del camino gastado? Animada por esa curiosidad llegó a la reunión encomendando un espíritu explorador.

Durante el almuerzo pensó en su amiga Mercè, que últimamente nunca tenía tiempo para ella, y con la que se daba una situación paradójica. Mercè la llamaba y proponía citas y encuentros que una y otra vez debían ser pospuestas porque finalmente su amiga por una razón u otra no podía. Clara se sentía cansada de esta situación, dejémoslo correr, se decía. Y sentía una cierta opresión en el pecho, un pequeño dolor que no se iba, una sensación de sentirse abandonada. Aún no estaba preparada para una nueva llamada a su amiga, no quería responder desde el resentimiento, quería llamar con ganas de verla, no de reprochar. Y Clara se dio tiempo.