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LAS EMOCIONES EN LAS ORGANIZACIONES

Hoy sabemos por la neurociencia que las emociones se encomiendan y se propagan de una persona a otra por efecto de las neuronas espejo. También sabemos que cuando disfrutamos del trabajo se da una combinación de atención, entusiasmo e intensidad emocional positiva. Según Antonio Damasio, los estados positivos facilitan la capacidad de actuar y fomentan un funcionamiento más armónico que acentúa la eficacia y la libertad de lo que hacemos, y nuestro cerebro entra en un estado mental de fluidez y armonía de nuestras redes neuronales.

Por el contrario, los sentimientos negativos debilitan la empatía y el interés. Por ejemplo, las evaluaciones hechas por personas directivas que están de mal humor, son peores y se centran únicamente en los aspectos problemáticos y expresan opiniones más desaprobadoras.

Es especialmente relevante el estado de ánimo de la persona que lidera un grupo humano, porque sus componentes prestarán más atención a lo que dice y hace a la persona con más poder dentro del grupo. En un experimento, 56 jefes de equipos simulados fueron movilizados en estados de ánimo positivos y negativos y posteriormente se determinó el impacto emocional que esto provocaba en los grupos que dirigían. Los miembros del equipo dirigido por los líderes optimistas revelaron un mejor estar de ánimo y se encontraban también mejor coordinados y obtenían más con menos esfuerzos. Los equipos dirigidos por jefes cascarrabias estaban más descoordinados y eran más ineficaces. Pero lo peor de todo fue que los esfuerzos fomentados por el miedo les llevó a escoger las peores estrategias y tomar decisiones equivocadas.

¿Qué puede hacer una persona que lidera a un grupo para fomentar un rendimiento óptimo?

La persona líder puede tener en cuenta el efecto de contagio de las emociones y de su impacto en el grupo y de forma proactiva, comunicar no desde el miedo, sino por ejemplo desde un fundamento seguro, con confianza, aceptación, hace lo posible por disminuir la tensión o al menos por no incrementarla. Desde aquí puede ofrecer un feedback negativo, convertido en un objetivo para aquella persona, indicando lo que espera de ella y viendo cuál es el apoyo que necesita para alcanzar los objetivos. La persona que lidera desde esta perspectiva blinda en el equipo de las presiones que le llegan de otros niveles de la organización.

La persona que lidera teniendo en cuenta la información de las emociones y sus consecuencias, es muy consciente de la comunicación no verbal, de los efectos desmotivadores de tareas aburridas, pero también de la paralización que puede comportar un encargo que supera las capacidades de una persona o del equipo.

Cuantas más fuentes de apoyo emocional tengamos en el entorno laboral mejor nos encontraremos.

Debemos tener en cuenta que en un entorno laboral todo el mundo contribuye a generar el clima emocional. La existencia de una persona en el equipo, o una persona supervisora ​​a la que podemos recurrir cuando nos sentimos frustrados, estancados o con dificultades nos puede ayudar a salir de un estado emocional más negativo a otro que facilite el fundamento seguro.

Un grupo unido y dirigido por una persona líder que fomente la confianza establece un clima emocional tan contagioso que incluso las personas ansiosas se sienten relajadas y al mismo tiempo alentadas a explorar nuevos caminos.