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LA ACTITUD ANTE EL DOLOR

El dolor es una señal de peligro, ya que consiste en una advertencia de sobreesfuerzo que nos proporciona información como mecanismo de protección para los seres humanos. Esto… ¿Qué significa? Esto significa que el dolor es necesario porque la incapacidad congénita de sentir dolor es una patología médica provocando que la persona se enfrente a una gran multiplicidad de peligros (quemaduras, rotura de huesos, etc.) sin ningún tipo de información que le llegue de su cuerpo. Además, el dolor incluye las siguientes características sobre su naturaleza. En primer lugar, no puede medirse objetivamente con ningún aparato. A pesar de que existen los instrumentos de EVA del dolor, no hay ningún instrumento que pueda evaluar exactamente la cantidad de dolor que una persona está sintiendo. Ya lo dice Dra. Jenny Moix (2006) en la primera línea de su libro Cara a Cara contigo dolor: “ojalá se inventara un aparato para medir el dolor con exactitud, un termómetro del dolor”. En segundo lugar, el dolor es interno, pues no es visible por los demás provocando mayores dificultades a la hora de explicarlo, comprenderlo y hacerse entender. En tercer lugar, la vivencia del dolor está influida por factores socioculturales.

El dolor está vinculado con la sociedad que vivimos

Aunque los mecanismos del dolor son los mismos, su intensidad difiere de persona a persona en función de factores socioculturales. Por ejemplo, frente al mismo estímulo de dolor, una persona del norte de Europa afirmará percibir una molestia; sin embargo, una persona de la zona del Mediterráneo se exclamará de un gran dolor. A partir de otro estudio realizado por Melzack (antropólogo) y Wall (psicólogo), descubrieron que, si un test de shock se aplica a un nepalí, es probable que necesite mayor intensidad que un europeo en el dolor experimentado para llegar en el mismo umbral de dolor. En un estudio posterior, la actitud frente al dolor cambiaba significativamente en función de la cultura: frente al mismo estímulo desagradable, los italianos pedían un calmante, los judíos se interesaban en las implicaciones del dolor y los americanos nativos se sometían en un estado de calma interior restante solos. Estos estudios antropológicos exponen diferencias significativas entre el tipo de respuestas que realizan personas frente a un mismo estímulo doloroso en función del contexto social y cultural.

Cuando nos estamos refiriendo al dolor crónico, nos alejan de la característica de la utilidad y la necesidad del dolor agudo y nos referimos a una experiencia sensorial y emocional desagradable. Considero que es relevante ser consciente de la influencia de los factores socioculturales en la vivencia del dolor. Esta visión puede permitirnos entender cuál es la actitud que nuestra cultura admite ante el dolor. Entonces, ¿Cómo se vive el dolor en nuestra cultura? ¿Qué creencias existen en torno a la vivencia del dolor? Algunas de las creencias sobre el dolor son las siguientes: “El dolor es algo horrible”, “No puedo hacer nada por disminuir mi dolor”, “Lo único que puedo sentir es alarmarme y tener miedo”, “Lo mejor que se puede hacer es tumbarse en la cama” o “De nada sirve tener dolor”. Éstas son algunas de las creencias que rodean la experiencia de sufrir dolor desde nuestra infancia. Entonces, si aprendemos que una persona es impotente ante la llegada del dolor, si aparece la sensación de alarma frente al dolor, si sólo se asocia el dolor a la emoción del miedo, si la expresión de un padre o una madre cambia en forma de grito cuando su hijo se ha caído del tobogán… ¿Cuál puede ser el resultado cuando el dolor forma parte de la vida de una persona? Uno de los resultados es haber aprendido a tener una actitud pasiva frente al dolor, es decir, haber aprendido que la persona que sufre dolor se convierte en una víctima creyendo incapaz de tener recursos ni herramientas para hacerle frente. Esta posición por parte de la persona enferma tiene consecuencias. Una de ellas son las expectativas versus la figura del médico.

Es necesario reconocer que nuestra cultura ha idealizado la figura del médico favoreciendo una actitud pasiva ante el dolor por parte del enfermo. El tipo de comunicación que se establece entre el médico y el enfermo puede explicarse a través de un juego psicológico llamado Triángulo Dramático de Stephen Karpman (1972). Este juego pertenece a un paradigma teórico llamado Análisis Transaccional que estudia las transacciones entre dos personas observando su forma de pensar, sentir y actuar. Proporciona herramientas útiles, prácticas y valiosas para aprender a sentirse bien. En este juego psicológico, existen tres roles que se reparten entre sólo dos personas: salvador, perseguidor y víctima.

  • El rol de Salvador se caracteriza por una persona que necesita que le necesiten. Desprecia sus propias necesidades, así como las capacidades y el poder de los demás. Sobrevalora las necesidades de los demás, así como sus capacidades y poder. Este rol podría identificarse con la figura del médico, aunque hay muchas personas con dolor que se identifican con el rol de salvador obligándolas a no poder ocuparse de las propias necesidades.
  • El rol de víctima se caracteriza por la necesidad de humillación o que le den atención y cuidados. Desprecia sus capacidades y su poder, así como las necesidades de los demás; en cambio, sobrevalora las capacidades y el poder de los demás, así como sus necesidades. En este rol, se puede identificar a la persona que sufre dolor esperando que el médico atienda a las molestias y limitaciones ocasionadas por el dolor.
  • El tercer rol del triángulo dramático pertenece al Perseguidor. Éste necesita que le tengan miedo. Desprecia las necesidades, capacidades y el poder de los demás. Sobrevalora sus propias necesidades, capacidades y poder. Es la consecuencia inevitable de los roles de Salvador y Víctima.

En este tipo de interacción donde aparece el rol del Perseguidor, el médico puede sentirse víctima cuando no puede hacer más de lo que se le pide. Por tanto, el médico puede sentirse perseguido por no satisfacer las expectativas depositadas en su tarea profesional. De todas formas, esto es fácil que suceda porque el sistema sanitario actual destina un tiempo muy limitado a la persona enferma que dificulta un rol adecuado como médico. Entonces, cuando la interacción entre dos personas está basada en este juego psicológico, esto significa que no hay ninguna persona que se esté comunicando desde el Estado Adulto. ¿Y…?

El Estado Adulto es la parte consciente de una persona que le permite tomar decisiones de una forma responsable, reflexionar sobre lo que le sucede, saber lo que necesita para estar bien, … en definitiva, es la parte de toda persona que le sucede permite responsabilizarse de su dolor y su propia salud. Responsabilizarse no significa renunciar a la ayuda adecuada, pues esto no quiere decir que no necesite tratamiento médico o que no pueda manifestar verbalmente su dolor.

Es necesaria la interdependencia con lo que nos rodea evitando cualquier relación de dependencia que pueda favorecer una actitud pasiva frente al dolor

Este artículo ha sido publicado en la revista FIBROMIALGIA de la Asociación Catalana de Afectados de Fibromialgia en su boletín núm. 10. de 2007.