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HACER POSIBLE EL TRABAJO EN EQUIPO

¿Qué es necesario para que el trabajo en equipo sea posible? ¿Qué elementos favorecen a un equipo de alto rendimiento? ¿Qué facilita que un trabajo sea producido con buenos resultados? Una respuesta plausible es que sus integrantes estén formados para la tarea encomendada; ésta es una condición necesaria pero no suficiente. A menudo podemos observar a grupos de personas, altamente cualificadas técnicamente, que no crean sinergias entre ellas y que cuando comparten tiempo, como las reuniones de equipo, éstas se convierten en espacios llenos de tensión. Otro ingrediente que podemos citar es definir unos objetivos compartidos, que cohesionan al grupo en torno a una finalidad. Es lo que llamamos la misión, o lo que dota de sentido y propósito al trabajo cotidiano. Puede ocurrir que los objetivos no estén claramente definidos y que las personas del equipo funcionen con supuestos u objetivos implícitos, que generan confusión entre el grupo.

Es necesario, pues, un trabajo de explicitar el propósito del equipo de trabajo y alinearse conjuntamente con esta finalidad. Pero muchas veces lo que podemos observar que dificulta el trabajo conjunto es el cómo lo hacemos, la forma de organizar, distribuir y evaluar el trabajo. Aquí es cuando el conocimiento y el aprendizaje tradicional se quedan cortos.

Para trabajar en equipo debemos aprender en SER, ya no es una cuestión de tener (tener trabajo, tener conocimientos, tener beneficios…), es una cuestión de desarrollar quienes somos.

Siguiendo a Stephen Covey, una primera habilidad en desarrollar es la proactividad. Según este autor, es la habilidad que hará posible el desarrollo del resto de competencias. Podemos describir la proactividad como la elección de nuestro comportamiento más allá de la situación. Es un ejercicio de libertad en el que no reaccionamos a los eventos de forma automática, sino en el que elegimos nuestra respuesta desde nuestro interior. No se trata sólo de tomar la iniciativa, sino que como seres humanos somos responsables de nuestra vida. En las personas proactivas, su conducta es una elección consciente, basada en los valores y no es producto de las circunstancias ni está basada en el sentimiento.

La fuerza que impulsa a las personas proactivas son los valores y si su valor es realizar un trabajo de buena calidad no dependerá de la conducta de los demás, de las condiciones, o del ambiente. La proactividad está ligada a tomar la iniciativa, entendida como la responsabilidad de que las cosas sucedan. Pero cuántas veces podemos escucharnos haciendo quejas que no van acompañadas de ninguna acción, y nos encontramos con personas que esperan que alguien se haga cargo «de los trabajos». Esta postura hace que otros miembros del equipo se sobrecarguen de trabajo, porque otros no se hacen corresponsables.

La otra cara de la moneda es la reactividad, que podemos definir cómo dejar que los demás o las circunstancias actúen por nosotros. Es cuando negamos nuestra responsabilidad, por ejemplo cuando hemos asumido un encargo del equipo, no lo llevamos a cabo y lo negamos con frases como «es que a mí esto no me toca», o «que lo haga otro». Podemos descubrir nuestra reactividad en frases como: Es que yo soy así, por tanto no puedo hacer nada, o mi vida está fuera de mi control, o bien, no puedo hacerlo, no tengo tiempo, o si el mío compañero de trabajo fuera más efectivo…En todas estas frases encontramos la creencia de “no soy responsable y no puedo elegir mi respuesta”.

Cuando estamos con una actitud reactiva, centramos la energía, las palabras y el tiempo en cosas que están fuera de nuestra influencia, sobre las que no tenemos control alguno, por ejemplo fijarnos en los errores de los demás, en los problemas del medio, o en los problemas de otras partes de la organización.

Por tanto, otra respuesta para hacer posible el trabajo en equipo es trabajar desde la proactividad.

¿Cómo puedes ser más proactivo con tu equipo de trabajo?