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EL TELETRABAJO Y LA SALUD EN TIEMPOS DE CONFINAMIENTO

Confinarnos y estar en cuarentena todo este tiempo ha sido un único hecho que ha provocado muchos cambios a muchos niveles y muchas vertientes de nuestras vidas. Estar encerrados ha afectado a nuestra vida cotidiana, a nuestras relaciones, a nuestra familia, a nuestro ocio y también a nuestro trabajo. Ahora con algunas semanas de distancia (y si la situación personal/vital lo permite), podemos empezar a valorar algunos de estos impactos.

Hoy quisiera dar un espacio al trabajo, y en especial al teletrabajo en confinamiento. Hacer teletrabajo ha sido la opción para mucha gente que ha podido mantener su trabajo, pero que se haya podido seguir trabajando desde casa no ha hecho que esto no tenga repercusiones sobre la salud ni sobre la vida. Todo lo que tiene que ver con el trabajo influye, ya sea que no lo tengamos o que lo tengamos, pero en unas condiciones que nos afecten negativamente.

Tampoco estábamos preparados para asumir de repente tener que trabajar desde casa. Antes de la cuarentena ya había gente, la mínima trabajando online (principalmente, profesionales autónomos/as). Mucha otra estaba pidiendo a su empresa hacerlo, sin mucho éxito. Trabajar online tiene ventajas en la flexibilidad horaria, en la conciliación laboral y en el ahorro en desplazamientos (en tiempo y ecológico). Pero el cómo se ha tenido que hacer, cogiendo el trabajo de forma forzada e improvisada, ha llevado a muchas complicaciones que han recaído directamente en las personas, ha sido algo más que gestionar.

Algunas complicaciones de aplicar el teletrabajo a toda prisa han sido:

  • Si la empresa no proveía de dispositivos, se han tenido que utilizar los propios, si se tenían. De modo que los ordenadores personales, preparados o no, se han utilizado para trabajar, con la falta de separación de vida personal y laboral que esto comporta.
  • Esto ha llevado también a compaginar y tener que llegar a acuerdos en pareja/familia para poder teletrabajar y estudiar, quizás varias personas con el mismo equipo. En unos tiempos en los que decíamos que era importante mantener rutinas y cierta regularidad horaria, los turnos se han tenido que adaptar y se ha hecho lo que se ha podido, con conflictos incluidos.
  • No tener un espacio suficientemente separado, ni físico (mucha gente no dispone de un mínimo despacho) ni horario ni vital en casa ni familiar.
  • Dificultades para establecer o mantener unos límites y desconectar. La falta de horas a veces o que el confinamiento haga que los días sean más iguales ha servido de excusa para realizar o recibir llamadas, enviar correos, exigir o hacer peticiones cualquier día a cualquier hora y sin límites. Y mucha gente se siente obligada a responder, sea cuando sea.

¿Cuáles son algunas de las consecuencias que estamos afrontando?

  • Muchas personas no han podido mantener una jornada laboral y han realizado muchas más horas, ya sea para mantener un rendimiento o bien porque las interrupciones han alargado mucho más la jornada.
  • Más agobio, ya que cuesta más desconectar del trabajo, de las obligaciones, de los conflictos o de las tareas pendientes.
  • Más cansancio, las reuniones pueden ser más efectivas, pero las videollamadas agotan más que las conversaciones que tenemos físicamente. Mantener la concentración que requiere una videollamada nos deja más cansadas.
  • Síntomas físicos que dificultan el confort: Dolores de espalda y de cervicales, cansancio en los ojos por las pantallas, dolores de cabeza, son algunos ejemplos. Poca gente tenía una silla en casa en condiciones para trabajar 8 horas sentado/a, por ejemplo.
  • A nivel psicológico: sensación de impotencia, de no hacer suficiente, frustración por los resultados que no acompañan el sobreesfuerzo, además de la fatiga y la sensación de no estar haciéndolo suficientemente bien, que aumenta cuando también se está intentando tirar adelante la familia. La autoestima se está resintiendo, nos sentimos poco eficaces.
  • Todo este malestar se añade a lo que ya teníamos por el estrés de adaptación al confinamiento y a toda la incertidumbre y el resto de los cambios generados.

También se añade que muchísima gente ha tenido que compaginar la tarea laboral y la familiar. Las mujeres especialmente han tenido mucha más carga de doble o incluso triple jornada, ya que también se ha evidenciado que ellas son las que más han asumido los cuidados y atenciones familiares. Las interrupciones constantes también boicotean la concentración, el rendimiento y por tanto pueden incrementar la frustración por no llegar a todo y la sensación de fracaso y de agotamiento.

Pero no todo son inconvenientes. Parece que al menos en parte, en muchos casos parece que el teletrabajo se va a quedar. Mientras esperamos y pedimos que las circunstancias se vayan poniendo en su sitio y las empresas vayan ajustando las condiciones de trabajo, lo que sí podemos hacer es poner énfasis en nuestras acciones de adaptación y autocuidado.

Acciones sencillas que hay que tener presentes para cuidarnos:

  • Planificar un horario claro de inicio y fin de jornada. Hay que procurar que salgan también las pausas y descansos como tomar un café, o comer o merendar.
  • Separar en lo posible tareas laborales-tareas domésticas: tener unos horarios para comprar, hacer la colada, fregar platos, cocina, etc., deben estar separados de las tareas laborales. Separar las tareas ayuda a ponernos en situación.
  • Aprovechar ahora, aún más, las pausas planificadas para salir a dar una vuelta y oxigenarse, estirar la espalda, tomar un café. Sin oxígeno no podemos respirar. Sin descansos nos quemamos.
  • Realizar cambios en lo posible en la organización de tareas. Pon las más complicadas en las horas en las que estés más disponible o más activo/a, y las más rutinarias flojas en las que menos.
  • Hay quien recomienda vestirse como si fueras a tu puesto de trabajo para ponerte. Quizás no hace falta tanto. Puede ser suficiente un intermedio entre el pijama o la ropa de andar por casa e ir arreglada. Que te ponga «en situación» pero que también estés cómodo/a.
  • Cuida la alimentación. Si te preparas algo para picotear, que sea sano: fruta fresca y frutos secos, por ejemplo. Si te pones chocolates, golosinas, patatas, etc… Son comidas calóricas y que harán que te levantes cada 5 minutos por ansiedad.
  • Date el permiso de no ser igual de productivo/a en casa. Tú eres la misma persona, el contexto es lo que ha cambiado.

Y de que, si tienes criaturas pequeñas en casa, empezar a aceptar compasivamente que quizás estás priorizando lo mejor que sabes, que estás haciendo todo lo humanamente posible y que quien hace lo que puede, quizás no llega a más.

Como siempre, esperamos que este artículo te resulte útil.

Marina Vivó, psicóloga y psicoterapeuta Col. nº 17.478

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Foto de Charles Deluvio en Unsplash