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EL DUELO

Es muy difícil, prácticamente improbable, que no tengamos que vivir ningún duelo a lo largo de nuestra vida. Suele ser una de las situaciones vitales más importantes por las que pasaremos y, seguramente, más de una vez.

Para empezar, es necesario aclarar que el duelo es un proceso emocional natural, que se produce por sí solo y que surge espontáneamente por la dificultad inicial de asumir la pérdida, pero que nos conduce poco a poco hacia su aceptación.

En este doloroso proceso descubrimos que nada de lo que tenemos será para siempre, que la vida es una aventura llena de pérdidas por las que haremos un duelo.

Los duelos más significativos son los que vivimos a raíz de la pérdida de los seres queridos, son los que pueden alargarse más. Dependiendo de la relación que tengamos con la persona fallecida puede durar de dos a cinco años.

En algunos casos se puede producir un bloqueo en este proceso, sintiendo que no se avanza, pudiendo suponer que no se esté superando la pérdida. Es en estos casos cuando es recomendable realizar un acompañamiento terapéutico por parte de un profesional.


El duelo es un proceso adaptativo

Por difícil que nos parezca sentirnos capaces de poder pasar por un proceso de duelo, debemos tener en cuenta que realmente estamos provistos de recursos emocionales suficientes para recuperarnos y adaptarnos a la nueva situación.

Con la muerte de un ser querido, su vida se detiene y nuestro mundo también, precisamente porque hay un antes y un después en su vida y en la nuestra.

A pesar de la sensación de que nuestra vida ha quedado detenida, en nuestro interior hay bastante actividad. Vamos experimentando sentimientos cambiantes, como la tristeza, la añoranza, el enfado, o la culpa. Muchas veces lo que sentimos son una mezcla de sentimientos que puede resultarnos difícil de identificar.

Permitirnos sentir lo que se produzca en nuestro interior es permitir que se vayan desarrollando nuestros recursos emocionales para ir avanzando en el duelo.

Es este desarrollo dinámico de nuestro interior el que nos acerca poco a poco, día a día, a la aceptación de la pérdida.


Duelo Saludable

Para poder llevar lo mejor posible esta situación y hacer que el duelo sea lo más saludable posible, es necesario aceptar los sentimientos que vayamos teniendo, sin cuestionarlos, sin cuestionarnos. Ayuda mucho a comprender que el dolor que sentimos es proporcional al amor que sentimos.

También ayuda a que los demás, al menos en nuestro entorno más cercano, acepten las emociones y los estados de ánimo que surjan durante este tiempo. Si vemos que no hay esa comprensión podemos explicarles para que nos ayuden y no nos lo pongan más difícil.

Durante los primeros meses, o incluso el primer año, es necesario estar atentos a no impedir las manifestaciones emocionales que se vayan manifestando y comprender que sus reacciones se deben al proceso de duelo que se está viviendo. De esta forma evitaremos que nos quedemos atascados en algún punto del camino.


La Culpa

Dependiendo de las circunstancias de la muerte, la culpa es un sentimiento bastante habitual en los procesos de duelo. A veces sentimos culpa por no haber dicho o expresado algo a la persona difunta, porque no siempre teníamos tiempo para ir a verla, por habernos enfadado mucho con ella, porque la relación se había ido haciendo más distante, porque creemos que hubiésemos podido hacer más para evitar su muerte…

Mención especial es el sentimiento de culpa por estar enfadados con la persona difunta porque nos ha dejado. En este caso la culpa se produce debido a sentir rabia hacia la persona que estamos echando de menos.

La culpa puede llegar a ser muy dolorosa y difícil de aceptar, puede convertirse en un obstáculo que dificulte avanzar en el duelo.


Duelo por pérdida perinatal

Un caso particular es la pérdida perinatal. En los casos en que se produce la muerte de un ser que se encuentra todavía en gestación o poco tiempo después de haberse producido el parto, el duelo puede ser muy doloroso. Teniendo en cuenta que a los hijos e hijas se les empieza a querer mucho antes de nacer y que su muerte siempre es difícil de explicar, éstas suelen producir duelos muy duraderos. Incluso en algunos casos pueden suponer un trauma, lo que requeriría una intervención psicoterapéutica.

Tampoco debemos descartar la posibilidad de que se produzca un proceso de duelo debido a la pérdida de una mascota. Es obvio que a los animales domésticos se les puede querer mucho y que se puede desarrollar un fuerte vínculo con ellos. Estos duelos no suelen durar demasiado tiempo, ni suelen generar complicaciones, pero no es descartable que a alguien se le pueda hacer difícil.


Sergi Palma

Psicólogo Col. Nº. 10621