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DONDE NO HAY FUEGO NO PUEDE QUEMAR

Este refrán hace referencia a la idea de que no podemos proponernos ni pedir lo extremadamente ambicioso o imposible porque este planteamiento irrealizable nos llevará al desencanto, el desánimo y la desmotivación.

Por otro lado, está claro que si no hay llama, no es posible calentar la olla de los propósitos ni encontrar un sentido en la vida. En otras palabras, necesitamos encontrar motivaciones o ilusiones que nos activen y nos pongan en funcionamiento para formularnos objetivos, trabajar y esforzarnos por alcanzarlos, y poder así sentirnos realizar.

Es habitual encontrarse con personas que funcionan por inercia, que se encuentran en piloto automático. Siguen una programación que se ha convertido en rutinaria: se levantan, desayunan, se duchan, se visten, se marchan a realizar alguna actividad que varía poco, vuelven a casa, ven la TV, cenan y se acuestan.

En otros casos, tenemos personas que se despiertan, ven que no tienen nada (motivador) que hacer, y permanecen en la cama. O personas que con el paso del tiempo saben que se encuentran mal o a disgusto, pero no se plantean alternativas.

Las conductas repetidas generan hábito. En un estudio del año 2010 se determinó que éstas solían convertirse en un hábito en un plazo de 66 días (aunque en función de la complejidad de la conducta, el rango oscilaba entre los 18 y los 254 días). Y esto es muy positivo en comportamientos saludables, como practicar deporte, meditar, estudiar, etc. Pero también tiene su riesgo cuando hablamos de comportamientos no saludables o sin interés. Si cada día es una repetición del día anterior, tenemos riesgo de desconectarnos de nuestra conciencia en períodos de tiempo progresivamente más amplios, y entrar en una existencia rutinaria que lejos de llenarnos (realizarnos), nos arrastra. Podemos recordar la película protagonizada por Bill Murray, “Atrapado en el tiempo” (1993), en el que un reportero es forzado a vivir y revivir el mismo día, el Día de la Marmota.

Así pues, es conveniente encontrar motivaciones que den sentido a nuestro cotidiano, para que éste no se convierta en rutinario y ajeno a nuestra existencia.

Hay dos grandes tipos de motivación. La motivación intrínseca es aquella que parte esencialmente de nosotros mismos/as, cuando lo que hacemos contribuye a hacernos sentir realizados/as y nos hace sentir bien. La motivación extrínseca aparece cuando lo que hacemos es un medio para sentirnos bien. Por ejemplo, aparece cuando nuestro trabajo no nos gusta ni ayuda a desarrollarnos pero a causa del sueldo o del horario nos permite disfrutar de actividades agradables y enriquecedoras, como viajar, conocer a otras personas, estar en contacto con la naturaleza, etc.

En ambos casos, somos nosotros quienes asignamos un valor a lo que hacemos. Este valor o significado es lo que nos da la energía necesaria para comprometernos en una actividad. Por tanto, si sentimos que lo que hacemos no tiene ningún valor significativo, no tiene ningún sentido, podemos dedicar un tiempo a buscarlo y/o construir alternativas.

Para recuperar (o encontrar) la motivación vital/laboral podemos probar en:

  • Pensar en pequeño: en lugar de formularnos objetivos ambiciosos, buscamos cómo disfrutar de pequeñas cosas: la compañía de otras personas/animales/naturaleza, la posibilidad de escuchar música.
  • Desplazar la fuente de satisfacción: a corto o medio plazo puede resultar difícil encontrar algo que nos motive en un determinado entorno. Entonces podemos premiarnos con detalles o experiencias personalmente enriquecedoras.
  • Desarrollar la curiosidad: explorar nuestro entorno para encontrar oportunidades y/o alternativas que nos ayuden a sentirnos en mayor contacto con nosotros mismos, y por qué no, con nuestra comunidad/familia.
  • Proponernos (pequeños) retos: la autosuperación es muy estimulante, nos da vitalidad y empuje para adoptar un rol más activo y participativo en nuestras vidas.

Forjando el sentido de agencia (también llamada agentividad), es decir, de implicarnos y comprometernos en nuestras actividades, estando más presentes en las diferentes facetas de nuestras vidas, encontraremos la motivación para llevar a cabo nuestro curso vital.

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