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CREAR UN ESPACIO DE COMUNICACIÓN DE PAREJA

Con toda la buena intención del mundo, desde la psicología hemos hecho difusión de un tópico: a la pareja hace falta comunicación. Es verdad pero falta información. En la pareja lo que hace falta es BUENA comunicación, aquella que hace que la pareja entre otras cosas, sea un espacio seguro donde poder ser, soltarse y estar en relax.

Comunicar, lo hace todo acto humano, toda acción es comunicación. Hablar lo es, callar, también lo es. Por ejemplo, ¿Cuándo te dejan en visto en el whatsapp y no te responden tú sientes algo, por ejemplo, que te ignoran? Todo comunica. Como dice uno de los principios de la Teoría de la Comunicación Humana. “Es imposible no comunicar“.

Otro tópico es que todo en la pareja se soluciona hablando. Esto tampoco es cierto del todo. Hay muchas cosas en las que no se conseguirá estar de acuerdo porque somos (mínimo, cuando hablamos de no-monogamias) dos personas diferentes y lo seguiremos siendo, lo que ocurre es que hay suficientes puntos en común como para que la pareja se mantenga. Lo que hacemos con lo que no somos iguales es negociar y aceptar.

Y por otro lado, hay asuntos que no tienen solución inmediata por mucho que queramos y lo hablemos. Si una persona se enfada porque el otro le ha herido, por mucho que se quiera y hablen las cosas no se solucionan de inmediato, cada persona tiene sus tiempos emocionales. Esperar a que después de hablar esté “solucionado” por arte de magia puede ser muy frustrante.

Digo estos tópicos (todo se soluciona hablando y ya, después de háblalo ya está arreglado) porque cuando se ponen en práctica son fuente de malestar y de discusiones que pueden no llevar a ninguna parte. Discutir es necesario porque como digo, es necesario que la pareja sea un espacio seguro donde estar, también para hablar de lo que me duele o me molesta.

¿Cómo hacer que la pareja sea un buen espacio de comunicación?

Se necesitan dos claves básicas:

  1. Que la relación sea un espacio seguro y tranquilo donde poder expresar lo que se necesita, los afectos, los temores, lo que hace bien y duele. Donde poder mostrar cariño y recibirlo con serenidad y con entusiasmo, pasión y alegría, también.
  2. Que la comunicación no sea tan sólo hablar para solucionar problemas. Nos encontramos con que hay parejas que cuando más hablan es para solucionar cosas. Y ya, no se habla de lo que quiero y lo que me gusta. Muchas veces se da por sabido. Pensar y hacer así puede traer más problemas a la larga que soluciones. Primero, porque como decía no todos los problemas se pueden solucionar de inmediato y hablando y segundo, porque se puede llegar a la conclusión de que que siempre que hay una conversación es porque existe algún problema a resolver.

También es verdad que en ocasiones y más hoy en día, valoramos más un espacio propio. Entre otras cosas porque por la pandemia hemos estado 24/7 con el otro ya veces hemos tenido suficiente. No es incompatible. Lo que yo propongo es recuperar si se ha perdido el “hablar por hablar” lo que nos lleva a las bromas, las complicidades, los ratitos.

Debemos evitar que el hablar con la pareja signifique siempre que hay “un problema”. Cuando es así, se entra ya con tensión y probablemente se acabará teniendo la temida discusión.

Cuando se asocia a que sólo hay problemas, el espacio de pareja en vez de ser un lugar seguro, tranquilo, de complicidad y cooperación se convierte en la cama de llaves de un fakir, o un campo de minas: no pises seguro , porque se anticipa que algo que no se ve puede explotar. Esto es agotador, nos enoja, nos frustra, nos desanima y nos distancia.

¿Y qué hacemos? Una forma de provocar el “hablar para hablar”.

En consulta propongo un ejercicio para crear un espacio seguro donde hablar, no de las dificultades, sino de todas aquellas cosas que no hablamos cuando hablamos de problemas: De cada uno, de lo que hace, de lo que desea, de lo que quiere, de lo que le gusta y lo que no, lo que disfruta y lo que le preocupa. Un espacio seguro donde hablar y que el otro escuche.

Estos son los pasos para crear este espacio:

Es necesario un lugar tranquilo y dedicar un tiempo que sólo se dedicará al ejercicio. Intentar las interrupciones imprescindibles (seamos realistas, si hay niños es mucho más complicado). Y quitar toda pantalla, móviles fuera.

Con una alarma, poner tiempo de 10 minutos.

  1. En el primer tiempo, uno habla durante 10 minutos y el otro escucha, poniendo atención sin interrumpir. Quien habla, lo hará desde el YO ”yo siento, yo vivo, yo he hecho, yo veo, a mí me pasa”. No se puede utilizar el TI “Tú me haces, tú me dices, tú me haces hacer”. La cosa va de hablar de una, no de señalar al otro. El otro escucha atentamente, sin juzgar, sin interrumpir, sin hacer gestos de desaprobación y sin pensar en respuesta.
  2. Acabados los 10 minutos, quien escucha hace un resumen de lo que ha escuchado y de la visión. Sin atacar, sin corregir.
  3. Se cambian los papeles. Quien escuchó tiene 10 minutos para hablar, con las mismas normas. Quien ha hablado ahora escucha, con las mismas normas.
  4. Si se sacan conclusiones y algún acuerdo, se apuntan.

Sabemos que siempre esperamos que estas cosas surjan espontáneamente, pero la experiencia en consulta nos demuestra que a veces es necesario un empujón y hacer espacios “expresamente”.

Si te resulta interesante el ejercicio o tienes dudas, les espero encantada por responderles.

Marina Vivó Aznar, Psicóloga colegiada 17.478 COPC 

Twitter: @marinavivo_ 

Instagram: @marinavivo