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CIBERACOSO Y ADOLESCENCIA

Todo este tiempo de pandemia por el covid-19 ha puesto a la luz uno de los problemas de nuestra sociedad, es el problema de la salud mental. La salud mental afecta a muchas personas, más de las que nos imaginamos.

En especial los jóvenes han estado sufriendo las consecuencias en forma de aislamiento, depresión, inseguridad, soledad…, y también en forma de ciberacoso.

El ciberacoso, según la fundació Katy Summer que nació en memoria de esta adolescente que se suicidó después de haberlo sufrido, se define como «el uso de los medios digitales para molestar o asediar a una persona mediante ataques personales y/o divulgación de información confidencial o falsa, publicar contenido negativo, perjudicial, falso o cruel sobre otra persona, y/o compartir información personal o privada sobre alguien, para humillarla o avergonzarla».

La incidencia del ciberacoso es tan elevada que constituye un problema de salud pública a nivel mundial y segundos UNICEF puede afectar un tercio de la población adolescente entre 13 y 15 años.


El ciberacoso a pesar de darse en el mundo virtual es real

El ciberacoso puede darse en cualquier edad, pero su afectación es más crítica en la adolescencia, puesto que es un periodo donde se produce un gran desarrollo personal y es importante por la construcción de la identidad. El ciberacoso en este periodo afecta en el rendimiento académico, en el desarrollo evolutivo, las relaciones sociales, la autoestima y también puede afectar a la salud mental. No es extraño que uno o una adolescente que vive un episodio de ciberacoso acabe sufriendo algún tipo de problema psicológico.

El acceso en las tecnologías y especialmente la participación en las redes sociales a través del móvil se ha popularizado entre los más jóvenes, convirtiéndose en un medio esencial por la comunicación y la socialización. No obstante, hay quién lo utiliza para molestar, ofender, perjudicar e incluso para agredir a otros mediante mensajes escritos o de voz. También difundiendo fotografías y videos sin el consentimiento de su autor con la intención de ridiculizar u ofender.

Hay que tener presente que este tipo de agresiones se pueden producir, gracias a internet, durante las 24 horas del día y los 365 días del año, de manera instantánea, repetitiva y puede ser observada por una gran cantidad de personas con o sin vinculación con la víctima o el agresor.

Internet y sus aplicaciones ofrecen la posibilidad del anonimato y de la invisibilidad al agresor y, a la vegada, facilitan las herramientas que permiten asediar de manera continuada.

Durante la etapa de la adolescencia el uso constante e indeterminado de las tecnologías acontece un factor de riesgo, su presencia es permanente y mediante el móvil los y las adolescentes están a todas horas conectados. Un mal uso de estas tecnologías, como por ejemplo grabar un compañero o compañera y colgar el video en las redes sociales sin su consentimiento, hacer comentarios sobre aspectos personales sin la aprobación de la persona afectada, difundir fotografías íntimas o que ridiculizan, así como discriminar o amenazar no solo suponen un uso inadecuado sino que son actas que están tipificados como delitos que violan la intimidad del afectado.

La adolescencia es un periodo de cambios donde se pueden vivir episodios depresivos que se manifiestan con quejas, irritabilidad, aislamiento social, déficit de atención, ansiedad, que también puede ir acompañado de algún tipo de trastorno como el alimentario. Varias investigaciones apuntan que la depresión se inicia en la adolescencia y en la actualidad es uno de los trastornos más común en esta etapa de la vida y afecta casi un 10% de la juventud. El ciberacoso es uno de los factores desencadenantes de la depresión, deteriora la salud mental de los jóvenes y hace aumentar el riesgo de muerte por suicidio.

La Clave: Educar


Formar y educar a los jóvenes en el uso de las tecnologías es la clave para hacer frente al ciberacoso y evitar daños en la salud mental de los y las adolescentes. Formando a los chicos y chicas para que tengan unas conductas y actitudes digitales respetuosas y saludables, empoderándolos a denunciar aquellas prácticas abusivas que se dan en el mundo virtual pero que tienen consecuencias reales.

También es recomendable empezar a educar en el buen uso de las pantallas desde pequeños, puesto que no podemos negar que hoy en día los niños están inmersos y adaptados a las nuevas tecnologías desde edades cada vez más tempranas. A pesar de que es difícil que antes de la adolescencia se pueda dar ciberacoso, sí que la educación sobre un uso razonable y no abusivo, además de favorecer las relaciones sociales con los familiares y sus iguales, establecerán las bases por una buena actitud en el uso de los medios digitales en la adolescencia.

Sergi Palma

Psicòleg Col. Núm. 10621

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